- ¡Despierta! ¡Vamos, despierta! – gritar susurrando parecía no bastar para hacer que su compañero abriera los ojos, así que comenzó a zarandearle - ¡Vaaaamoooooos!
- ¿Charlotte? – parpadeó mirando a su alrededor y sonrió – Creo que no son horas de…
- ¡La inquisición, tarugo! – los ojos de ella estaban abiertos de par en par, como quien acaba de ver un espectro
- Vámonos – la sonrisa en sus labios desapareció cuando se levantó como un resorte, y con un gesto de mano sus pertenencias volaron hacia él en un saco color canela
Ella avanzó hasta la puerta mientras el hombre echaba un último vistazo al que durante un pequeño periodo de tiempo había sido su refugio. Esperaba que esos salvajes no lo convirtieran en cenizas.
- ¡Marcus! – gritó ella de nuevo en voz baja, sacándolo de su leve ensimismamiento
- Sí… sí, vamos...
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