- ¡Señor! ¡Su comida, señor! – la chica se cuadró como siempre veía hacer a todos los soldados. La diferencia radicaba, sin embargo, en que el énfasis con el que lo hacía resultaba ser exagerado. Depositó el plato sobre la mesa del sargento y esperó una orden
- Puedes relajarte, Casim… - el hombre esbozó una sonrisa - ¿Cómo te va con tus animalitos?
- ¡Muy bien señor! Hay uno que se me resiste, está empeñado en comerse la cena de los demás
- ¿Solo la cena? – él mantenía la cabeza apoyada sobre una mano, mirándola con curiosidad y una ceja enarcada
- ¡Sí, señor! – durante un momento la chica se relajó y empezó a contar con los dedos, después se volvió a cuadrar de forma repentina - ¡Tengo que irme señor! ¡Pido su permiso señor!
- Tienes mi permiso – afirmó con una carcajada
- Eh… señor… - se acercó a su oído ligeramente - ¿Quiere que siga informándole sobre la 5ª compañía?
- Desde luego, soldado – esta vez fue él quien se dirigió a ella en un tono más formal
- ¡Sí, sargento Espinola, señor! – volvió a bramar, y dándose la vuelta, con un paso extremadamente firme volvió a las cocinas
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