Séptimo. Era el séptimo café en lo que llevaba de noche. Odiaba su sabor amargo, por mucho azúcar que le pusiera no conseguía endulzarlo lo suficiente como para convertirlo en apetecible o, como mínimo, degustable, pero no podía permitirse quedarse dormida.
Se levantó con el paso ligeramente acelerado de la enorme mesa de escritorio y fue a la cocina a servirse otra taza a la que dio el primer sorbo en el camino de vuelta a la habitación. La dejó con cuidado sobre la mesa y miró a la pequeña que estaba en la cuna, durmiendo como si en la vida hubiera dado ruido. Entre las manitas sujetaba a Eva, el peluche de murciélago que Dani le había comprado antes de salir de viaje.
Prácticamente se dejó caer sobre la silla y dedicó una mirada de frustración a los tres monitores que tenía encendidos, llenos de mapas, datos y códigos que se abrían y cerraban en pantalla como si tuvieran vida propia.
- ¿Dónde mierda estáis? - sus ojos se posaron en la foto que tenía en la mesa, colocada en un marco espantoso que encontró perdido en algún cajón. En ella estaban todos, todo ese pintoresco grupo que se había convertido en su familia en estos últimos tiempos – Venga ya, Eva, Javi, ¿dónde os habéis metido? - volvió a mirar a las pantallas, que seguían casi tan hiperactivas como ella misma
- No encontrado – dijo de pronto la voz mecánica del ordenador - ¿Reiniciar búsqueda?
- ¿Cómo que no encontrado? No pueden haberse evaporado, joder... - movió velozmente el ratón por la pantalla – Sí, reiniciar búsqueda, vas a trabajar hasta que les encuentres maldito cacharro del demonio – cogió la taza y se le escurrió de entre los dedos, haciendo que el contenido se extendiera por toda la superficie - ¡Mierda! - gritó en susurro para evitar que Ízarah se despertase
Abrió el cajón donde guardaba un montón de papeles inútiles y los puso sobre el líquido para que lo absorbieran. El blanco comenzó a teñirse de marrón, y ella suspiró al tiempo que se percató de que uno de los papeles era...
- ¡Jodeeeer...! - dio un tirón de él rápidamente y se lo estampó contra la camisa para secarlo
Lo aireó con un par de gestos de mano y lo observó para hacer un balance de desperfectos. Era un pliego pequeño, una foto de Marcus que ahora tenía un tono sepia del pecho para arriba. No pudo evitar sonreír al recordar aquella foto, aquellos momentos que parecían tan lejanos y que sin embargo en su memoria quedaban a la vuelta de la esquina.
Se vio a sí misma junto a esa polvorilla rubia dentro de un probador de una tienda, cotilleando y tratando de guardar silencio. Como si fuera una puerta a otra dimensión, de pronto estaba en una cocina, con Javi y Eva defendiendo a muerte a eso que Javi decidió llamar “feto” en un momento de insensatez. De ahí su mente vagó a una llamada telefónica en la cual comunicaba a su amiga que su novio estaba a punto de morir ahogado, y de ese momento a otro, y a otro... y...
- ¿Algo? - una voz la sacó de su ensimismamiento
- Nada, papá... nada de nada
- ¿Has probado con Saurom? - el hombre se acercó a los monitores y sus ojos examinaron cuidadosamente la información que se presentaba en ellos
- Sí, y no hay ni rastro, es como si se hubieran evaporado, ¡y no puedo hacer nada más desde aquí! Si les ha pasado algo juro que los mato, los encuentro y los mato, que son especialistas en meterse en líos. Si ya sabía yo que algo olía a podrido en todo esto y no eran los pañales de la niña. Ya se lo dije a Dani: suena raro... pero nada, allá que van todos, y yo me quedo aquí, sin poder ayudar, sin poder hacer nada más que mirar a unos monitores que no responden y que no me dicen nada que yo no sepa, que a estas alturas me conozco la topografía de Budapest y Los Cárpatos de memoria, joder, que parece que...
- Está bien. Si no puedes encontrarles, prepárate para cuando salgan de ese lío – su voz era tranquila, como siempre, y eso casi la sacaba más de quicio
- ¿Cuándo salgan? Querrás decir “SÍ salen de ese lío”, porque puede estar pasando cualq...
- Saldrán. Por lo que sabemos lo hacen siempre, así que tu trabajo es prepararte para cuando estén localizables y te necesiten – puso los ojos sobre la taza, aún volcada - ¿Otro café?
- S... sí, por favor
- Excellente – asintió dando media vuelta con la taza en la mano y yendo hacia la cocina
- Muy bien... - se crujió las manos y cogió aire – Ellos estarán haciendo su trabajo, haz tu el tuyo, ya les matarás a la vuelta Iris
No hay comentarios:
Publicar un comentario